Programa Hogares saludables: transformando positivamente las vidas de las familias más vulnerables en Medellín

20 de agosto de 2021

I

Son las 8:15 de la mañana y el sol ya calienta en Manrique La Honda. Quienes salen a trabajar deben esperar varios minutos a que los automóviles que suben hacia la montaña se orillen a la diestra del camino y así los buses que los llevarán a sus trabajos puedan girar por alguna de las curvas que trazan el barrio desde la cumbre. Las calles están llenas de huecos y barro, producto de una lluvia reciente, pero nadie parece intranquilo. Los niños y adolescentes bajan también hacia el colegio, jugando entre ellos, sonriendo sin pausa. Es un día normal en los altos de la comuna nororiental de Medellín.

A doña Alicia Moreno Palacio solo le preocupa que el chocolate que hizo desde temprano no se le queme y pueda darle un desayuno al grupo de ingenieros y periodistas que vino a conocer su casa. Su nueva casa. Celeste y Juan José, sus nietos del alma, están vestidos para la ocasión. La niña tiene un vestido blanco vaporoso y unas moñas de colores en su hermoso pelo rizado. El niño, vestido con pantalón, chaqueta y camisa de manga larga, se esconde detrás de las piernas de su abuela mientras mira con recelo a los visitantes. La casa permanece con las puertas abiertas y doña Alicia continúa mostrando las reformas de su hogar con un orgullo que no cabe en su pecho. Nada queda de aquella casa que se tenía que forrar en plástico en épocas de lluvia y que tenía pisos de tierra en los que era tan difícil caminar: ahora su casa es su sueño, ese que empezó cuando recibió un volante en la iglesia del barrio y ahora, gracias al programa Hogares Saludables, es una realidad para ella y toda su familia.

Hace unos meses, el padre Félix, párroco del barrio, le contó a doña Alicia que podía acceder a un programa para mejorar las condiciones de su casa. Aunque al principio no le creyó, después recibió una llamada que le cambiaría la vida a ella y a su familia: los pisos de su casa ahora estarían vaciados en concreto y las paredes estarían revocadas por primera vez desde que pisó las altas laderas de La Honda. También la cocina de su casa sería totalmente reformada, y desde allí, emocionada, cuenta lo que para ella y su familia significa este cambio tan trascendental en su existencia: “Esto es una bendición de Dios, yo nunca me esperaba esto. Nunca me canso de darle gracias a Dios y a Argos por lo que han hecho por nosotros”.

En el 2016, su esposo se quedó sin trabajo en Istmina (Chocó) y por eso llegó al barrio El Picacho de Medellín para empezar de nuevo. Años después, compró su “ranchito” como ella lo llama con cariño, y allí, con sus ahorros y los de sus hijos, levantaron un lugar para vivir. Desde las ventanas de la casa se ve la ciudad a lo lejos. Las cajas apiladas en las habitaciones, las camas desarmadas y los muebles sin desempacar solo denotan una cosa: doña Alicia y su familia se están mudando a un nuevo hogar dentro de las paredes en las que han vivido los últimos años de su vida.

Y mientras doña Alicia cuenta el nuevo milagro en su vida, sus nietos sonríen y juegan con una pelota en la sala de su casa. Como ella, muchos de sus vecinos de Manrique La Honda y otros barrios en Medellín podrán tener una nueva oportunidad.

II

Solo desde junio de 2021 algunas familias de Manrique la Honda pudieron tener el servicio de agua potable en su territorio. Además de la estigmatización y la violencia que han sufrido desde hace casi tres décadas, eventos como deslizamientos e incendios forestales hacen parte del pan de cada día de los habitantes de este barrio en Medellín. Quienes viven allí son casi todos colonizadores de una tierra imposible debido al desplazamiento forzado que sufrieron desde El Chocó y el Urabá Antioqueño, y allí viven, con menos oportunidades que en la tierra que los vio nacer, pero con vida, habitando el filo de una montaña de alto riesgo.

El Padre Félix Jurado llegó a la Honda en el año 2018. Este sacerdote nacido en Pasto, Nariño, es el alma de este barrio ubicado en la comuna 3 de Medellín. Su hablar pausado también denota preocupación: en el barrio el desempleo abunda y la mayoría de los muchachos del barrio se dedican al ocio y a la droga. Este padre franciscano ve todos los días realidades que muchos de los habitantes de la ciudad ignora por completo, y por eso, es enfático en afirmar que muchas de las viviendas de este sector no tienen las condiciones adecuadas para una vida digna y que la vía que los comunica con el resto de la ciudad está en pésimas condiciones, tanto que cuando debe cerrar por inundaciones u otros daños, la comunidad queda totalmente aislada y es imposible que accedan a sus trabajos y a otras necesidades. Sabe que el Estado está en deuda con las personas que habitan desde hace años este barrio de la ciudad, y por eso, desde Pastoral Social se ha dedicado a destinar las ayudas que pueden cambiarle la vida a esas familias que conoce y que aprecia desde hace tiempo.

Es así como en el 2021 llega a Manrique La Honda el programa Hogares Saludables, un proyecto del Grupo Empresarial Argos, liderado por su empresa Cementos Argos y por el programa Creamos Valor Social, que en este capítulo urbano se desarrolla en alianza con el Sena, Pastoral Social, las comunidades y el gobierno local. Con esta iniciativa, se reemplazarán pisos en tierra por pisos en concreto y se adecuarán otras áreas como baños y/o cocinas a las viviendas más vulnerables del sector. Además, se proporcionará la formación básica y empleo en construcción a los miembros de las familias beneficiadas, lo que quiere decir que las adecuaciones son realizadas por directamente por miembros de la comunidad que serán formados y certificados por el Sena y que ahora contarán con esta experiencia como una oportunidad valiosa de empleo en el corto plazo.

En total, 50 viviendas serán intervenidas y entregadas en el mes de agosto en este barrio de la ciudad, y se espera que en el futuro cercano este ejercicio se replique en otros sectores como Moravia, San Cristóbal y San Javier, para completar 200 viviendas antes de cerrar el año.

III

Jean Carlos Carmona observa los cambios que se le realizan sin parar a su vivienda desde hace tres semanas. Desde hace 17 años vive en Manrique La Honda, después de llegar del barrio Moravia en Medellín. Su casa estuvo en obra negra desde siempre, y ahora, según el joven de 22 años, esta tiene otra cara que hace que su calidad de vida y la de su mamá haya cambiado por completo.

Pero no solo su casa tiene un nuevo semblante: él mismo ha sido beneficiado con una beca en el Sena, y así, con sus propias manos, puede construir la casa que siempre quiso tener. Jean Carlos tiene ahora estudios en tecnología de edificaciones, y de esta manera, no sólo puede tener la oportunidad de reformar su vivienda sino de tener un empleo digno y replicar el conocimiento adquirido en otras construcciones que serán parte del programa Hogares Saludables en Medellín.

“La experiencia es muy gratificante de ver cómo estaba mi casa antes y cómo está ahora. Lo mejor es que yo mismo la estoy construyendo, pues soy el ayudante del oficial de la obra y por eso puedo colaborarle en todo lo que se necesita para sacar la casa adelante y así adquirir más experiencia. Mi mamá está muy contenta y agradecida por esta nueva casa que vamos a vivir”.

Y así, mientras escucha un vallenato y le ayuda al oficial a preparar la mezcla de cemento que transformará su hogar, Jean Carlos sigue sonriendo con mucha esperanza en el futuro. Con sus propias manos, este joven cambiará para siempre su manera de vivir a través de una vivienda digna y con unas condiciones de habitabilidad mucho mejores que también impactarán su salud y su calidad de vida. Así, el tiempo corre en La Honda, con nuevas oportunidades por venir para las comunidades que viven en uno de los barrios más vulnerables de la ciudad.

IV

Según estudios realizados en la Universidad de Berkeley, cambiar por piso en concreto una vivienda construida sobre piso de tierra, no sólo transforma las condiciones de vida de una familia, sino que mejora ostensiblemente la salud física y mental de sus habitantes. En estas viviendas, la existencia de virus, parásitos, bacterias y roedores desmejoran la calidad de vida de sus habitantes, especialmente en los más pequeños, pues el ambiente en donde crecen dificulta su desarrollo cognitivo y motriz.

Otras cifras indican que en el mundo más de mil millones de familias no tienen acceso a una vivienda digna. Entre las enfermedades más comunes que pueden sufrir las personas que viven en construcciones sin las condiciones mínimas de habitabilidad están el asma y otras enfermedades como la tuberculosis, anemia, desnutrición, inmunodeficiencias, depresión y la ansiedad. Además, existe una alta probabilidad de sufrir lesiones y otros incidentes, pues las viviendas construidas de manera deficiente están en riesgo permanente de incendios, colapsos, derrumbes y otros eventos de alto riesgo para sus habitantes.

“Hogares saludables es un proyecto que nace desde la iniciativa de Cementos Argos e inició en Centroamérica, en donde se intervienen los pisos de tierra de las viviendas aledañas a las plantas de cemento para que sean mejoradas con pisos en concreto. Después, el programa se reproduce en Colombia donde hace parte de la estrategia de relacionamiento con las comunidades que tiene Cementos Argos y ahora se amplía en Medellín gracias al esfuerzo conjunto del Grupo Empresarial Argos y de su programa Creamos Valor Social. Estamos buscando aportar al bienestar de las familias más vulnerables de la ciudad con un modelo sostenible que además de dejar una transformación en la infraestructura de las viviendas, deje una capacidad instalada en la comunidad con formación para el empleo y la dinamización de la economía barrial usando todos los eslabones logísticos en territorio, como los ferreteros y las bodegas de construcción” comenta Jaime Palacio, líder del programa Creamos Valor Social de Grupo Argos.

En este momento, van 1.500 casas mejoradas en Centroamérica, y en el marco del trabajo que se viene realizando de Creamos Valor Social, se pretende traer ese beneficio a cerca de 200 viviendas en Medellín durante el 2021. La meta a cinco años en la ciudad es de 1.500 viviendas.

En el tema de vinculación laboral, con este programa se espera generar 300 empleos, entre las personas líderes del proyecto de las comunidades y las personas encargadas de construir las viviendas. Una oportunidad para miles de familias gracias al trabajo integrado entre los líderes del barrio, la gestión de las entidades públicas y privadas y otros actores que buscan cambiar para siempre la vida de miles de familias en condiciones de vulnerabilidad en Colombia.

V

Mayra Lucía Padilla - Programa hogares saludables

A Mayra Lucía Padilla se le corta la voz al contar la historia de vida. A esta mujer, llegada de Turbo, Antioquia, la enfermedad de su esposo la hizo mirar con esperanza las adversidades de las que se ha fortalecido y la han convertido en una mujer resiliente.

A su casa se llega después de pasar por un laberinto incrustado en una de las lomas que constituyen las barriadas de Manrique La Honda. Los pasadizos, donde conviven los niños, los animales domésticos, los vecinos de toda la vida y la música llegada desde todas las ventanas, desembocan en esa casa donde nunca han faltado la fe y la esperanza. “Yo tenía muchos anhelos de organizar la casa, pero a veces las cosas no se dan. Ahora estamos en espera de arreglar el baño, la cocina y el piso. El material nos lo entregaron hace tres semanas y desde entonces estamos alistándonos. Uno siempre quiere vivir en un espacio agradable donde pueda sentirse bien”.

Su compañero de vida enfermó de cáncer hace 13 años y por eso tuvo que instalarse definitivamente en Medellín. Después de vivir en la casa de un amigo en el Picacho, compraron la casa donde hoy vive con sus hijos y su nieta. Años después de la llegada de Mayra, sus hijos llegaron a la ciudad, tras una amenaza que recibió su primogénito y que lo obligó a huir del pueblo. Ya instalados definitivamente en Manrique La Honda, la familia completa soñaba con nuevas oportunidades, tanto que su hija menor le decía todo el tiempo “mamá, yo quiero vivir en una casa que tenga las paredes lisitas, vámonos para una casa bonita”.

“Es que ninguno de nosotros había vivido en una casa así, como está la casa ahora. Nosotros siempre vivimos en ranchitos”, cuenta Mayra, con lágrimas en sus ojos.

Cuando su hija cumplió 17 años también enfermó de cáncer, y aunque los médicos no le daban esperanzas de vida, sobrevivió, y años después le dio a Jazmín, su hermosa nieta. Eso le enseñó a Mayra a agradecer todas las mañanas y todas las noches cualquier bendición o adversidad que se le cruce en su camino. “Mi Dios ha hecho muchos milagros en nuestra vida”.

Ya es mediodía y en Manrique La Honda un camión se parquea en la calle principal. De ahí, algunos hombres se encargan de llevar al hombro los bultos de cemento entre las escaleras sin fin que conforman las barriadas de La Honda. A finales de agosto, 50 familias de esta comunidad del nororiente de Medellín tendrán una nueva oportunidad de empezar de nuevo. A pesar de los años, a pesar de la vida misma, existió para ellos una nueva oportunidad.